Hoy no puede levantarse.
Sus frágiles piernas no desean obedecer sus órdenes.
Mientras permanece tumbada en la cama una vocecilla en su interior le acusa de que no tiene fuerzas porque ha dejado de comer.
Es cierto.
Sólo el olor de la comida le produce náuseas.
Si ingiere cualquier tipo de alimento siente como la culpabilidad se adueña de todo su ser, siente como la oprime y como la acorrala para luego no dejarla escapar...
De modo que se arrodilla frente a su desgastado y diminuto vater y expulsa por su boca todo lo que no debió entrar jamás...
Hoy se siente más débil que ayer.
Su ritmo cardíaco es muy lento.
Una nueva vocecilla vuelve a perturbar su descanso, le anuncia que si no proporciona un mínimo de alimento a su maltratado estómago su corazón dejará de latir.
Los ojos de la delicada joven se inundan de pequeñas lágrimas llenas de sentimientos escondidos.
Lo sabe.
Pero no puede dejar que la asquerosa e inmunda grasa vuelva a adueñarse de su cuerpo, hiriendo nuevamente a una desgastada y magullada alma... cansada de luchar...
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En ocasiones me resulta impensable que las personas decidan voluntariamente quitarse la vida lentamente... pero la anorexia es una enfermedad realmente difícil de superar ya que afecta directamente a nuestro cerebro...

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