La carretera estaba desierta, sólo su diminuto y viejo coche rompía el silencio que se adueñaba del solitario lugar.
Las curvas suaves le permitían circular a más velocidad de modo que su pie descalzo se posó ligeramente sobre el acelerador, su asustadiza acompañante le aconsejó que usara el freno pero Katy no la escuchó.
El viento removía salvajemente la larga melena que ambas poseían formando una falsa sensación de libertad.
Katy observó complacida como su amiga sonreía mientras sus largos brazos apuntaban en dirección al cielo, y pisó de nuevo el polvoriento pedal.
Katy observó complacida como su amiga sonreía mientras sus largos brazos apuntaban en dirección al cielo, y pisó de nuevo el polvoriento pedal.
Contemplaban el paisaje que las rodeaba alterado por la rapidez a la cual estaban sometidas, sin embargo la ingénua conductora creía tener la situación bajo control.
En una de las curvas Katy no logró girar a tiempo.
Sus ojos observaban alarmados la pared rocosa hacia la cual se dirigían a toda velocidad, no pudieron gritar si quiera, sus bocas entreabiertas se congelaron sin llegar a pronunciar palabra.

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